24 de julio de 2010

Crónicas de la nada (25)

Crónica segunda.


Y 12.-
Carta enviada a La voz del Tópico por el capellán castrense Don Marcelino Aguirre.
Señor director. Le agradezco su amabilidad al publicar la carta que le envío, ya que para mí es muy importante aclarar varios puntos con relación a unos artículos que aparecieron en su periódico el mes pasado. Primero he de manifestar que me asombra mucho que una publicación como la suya, que siempre se ha caracterizado por la máxima claridad y por una total objetividad, se haga eco de una historia tan poco verosímil. Las autoridades militares ya han desmentido la sarta de despropósitos que forman parte de los reportajes mencionados, por eso yo no hablaré de ello, sino de otras cuestiones relacionadas con el tema.
Fui llamado a los calabozos de Capitanía para asistir a un preso. El susodicho, un sencillo muchacho de campo, se hallaba en un estado lamentable y me contó una serie de disparates que no tenían pies ni cabeza. Sus acusaciones se referían a unas maniobras ordinarias de su regimiento que, según él me dijo, se transformaron en una guerra real en la que se exterminaron a todos los indefensos habitantes de una aldea. Continuó contándome que como él no pudo aguantar aquella ignominia huyó del campo de batalla y que al ser capturado y con posterioridad juzgado se le condenó a muerte. Intenté comprender los motivos que lo llevaron a perder la razón y pude saber que desde antes de su incorporación a filas ya se distinguía por su indisciplina y por un comportamiento cuanto menos singular.
Me informaron que no se había presentado en el campamento al que había sido destinado en la fecha señalada, lo por lo que fue declarado prófugo; esto propició que se le vigilara con especial atención; así mismo me enteré de que, al contrario que sus compañeros, él no había disfrutado de ningún permiso, ni fue visitado por ninguno de sus familiares. Todo se complicó cuando su novia dio a luz una niña a la que no pudo visitar y, para rematar todo lo anterior, mientras aún cumplía su servicio militar, murieron sus padres con unos pocos días de diferencia.
Por todo lo dicho perdió la cabeza y que desertó en mitad de unas maniobras, por lo que fue condenado a dos meses de calabozo y a dos meses más de cumplimiento en filas. Pero Dios Nuestro Señor es misericordioso y no deja nunca de su mano a sus criaturas, sobre todo a las menos favorecidas por la fortuna. Cumplidas con todas sus obligaciones para con la Patria se le licenció y se marchó a su pueblo para reunirse con su novia con la que contrajo matrimonio, después abandonaron el terruño en el que siempre habían vivido y se trasladaron a la ciudad donde encontró trabajo como jardinero municipal. Las últimas noticias que tengo de él son que está bien, así como su familia, y que estudia Derecho en la Universidad de Educación a Distancia.
(Fin de la crónica segunda).

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