3 de mayo de 2009

Crónicas de la nada (7)

Crónica primera

7.-
Lo que más molestó a mi esposa fue que los interrumpiera justo cuando ella estaba a punto de alcanzar el orgasmo, pero en aquel momento no supe si la prodigiosa transformación de un ser humano en leona, arpía y serpiente que se produjo dentro de aquella habitación se debía a que los había sorprendido, a la rotura del jarrón, o a que lo había puesto todo perdido de sangre. Aún me quedaba un poco de consciencia para comprender que necesitaba que me trasladaran a un hospital y era lo que suponía que harían, pero en vez de llamar a una ambulancia, la persona que hasta entonces había compartido su vida conmigo, la emprendió a golpes contra mi cabeza con lo primero que encontró a mano -afortunadamente fue su bolso casi vacío-, por lo que las lesiones que me ocasionó fueron insignificantes. El amante de mi mujer tenía menos que perder y tuvo la suficiente lucidez para descolgar el teléfono y llamar a urgencias.
Lo siguiente que supe de ella fue a través de su abogado; me visitó en el hospital y me informó de que un juez nos había concedido el divorcio. A mi mujer no le apetecía tener que verme cada día, por lo que debería renunciar a mi puesto de trabajo, pero me mostré inflexible y le hice saber al abogado que me encontraba al corriente de una visita a cierta clínica de interrupción voluntaria del embarazo y que si fuera necesario informaría de ello a la familia conservadora y ultracatólica de mi reciente exmujer, y seguro que a ninguno de sus miembros le parecería bien. No pretendía chantajearla, pero el problema estaba muy claro: ellos o yo. Consintieron en que permaneciera en el periódico, siempre que mi turno no coincidiera con el de ella; luego al cabo de medio año me reclamó a su lado, supongo que para humillarme y para demostrarme el poder que tenía sobre mí, pero llegados a aquél punto ya me daba todo igual.
(Continuará)

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