22 de marzo de 2009

Crónicas de la nada (4)

Crónica primera
4.-
Convertirnos en amantes fue lo lógico dadas las circunstancias; mi magnetismo personal fue determinante para que ella se me entregara, mi apostura y mi natural simpatía hicieron el resto, aunque varias botellas de un vino excelente ayudaron a que, la primera noche que la invité a cenar en mi casa, acabáramos desnudos encima de la alfombra. Un año después nos casamos aunque a mí el matrimonio nunca me parecía un estado deseable, pero ella quedó embarazada. Ser padre soltero no me importaba, pero ella decía que, por su posición social y por su familia, no podía dar ningún escándalo.
Lo siguiente que recuerdo es verme vestido de rigurosa gala al pie del altar mayor de la catedral ante el señor Arzobispo. El templo estaba abarrotado de invitados, de los que me correspondían diez o doce -tal vez algunos más- y el resto (tres o cuatro mil), familiares, amigos y conocidos de mi futura esposa.
El embarazo no tuvo un final feliz. A las tres semanas de casados mi mujer regresó un día a casa diciéndome que había perdido al niño; a mí me extrañó aquel desenlace, porque la semana anterior el ginecólogo nos había informado de que no existía ninguna complicación y que todo se desarrollaba de forma satisfactoria. Por casualidad encontré dentro de su bolso una nota con la dirección de un sanatorio; intrigado por lo que pudiera significar aquello, llamé al número telefónico que figuraba en el papel y al instante lo entendí todo, ya que se trataba de una clínica de interrupción voluntaria del embarazo.
Lo que ocurrió después, quien no lo recuerde, puede consultarlo en cualquier periódico o revista de hace dos años. Me disponía a rematar una falta en un partido, cuando uno de los defensas del equipo contrario confundió mi rodilla con el balón y me propinó tal patada que -para recomponerla- tuvieron que operarme tres veces. Un año después volví a caminar sin dificultad, pero me quedó una ligera y seductora cojera y ya no pude volver a jugar al fútbol.
Mi suegro me ofreció un puesto de trabajo como coordinador de la sección deportiva en su periódico. La propuesta me pareció descabellada, porque yo era un buen jugador de fútbol, conocía a la perfección todo lo referente al balompié, pero de ahí a escribir sobre deportes había una distancia que a mí me sería muy difícil de salvar. Nunca había destacado por mi capacidad intelectual, y, en cuanto a escritura, lo más que llegaba era a transcribir correctamente mi nombre y poco más.
(Continuará)

5 de marzo de 2009

Crónicas de la nada (3)

Crónica primera

3.-
Pues no, no se trataba de eso, ya que al parecer había otro hecho mucho más importante. El miércoles comenzaba una conferencia de paz sobre Oriente Medio; dada la importancia del acontecimiento todos los redactores estarían muy ocupados, y, como además se había producido otra noticia de interés, yo tendría que trasladarme hasta un perdido pueblo para elaborar el correspondiente reportaje, puesto que era el único periodista que se encontraba disponible. ¿Y el partido? Pregunté. Me contestó que ella personalmente iría al estadio para cubrir la información, si fuera necesario.
¿Y qué era tan importante? Cogí el papel que me mostraba y leí.


La Voz del Tópico.
Diario independiente de la mañana

Suicidio ritual de 20 miembros de la secta Orden de la Iglesia Lunar.

Agencias. “Ni la moral, ni la perversión, ni la muerte existen, todo es pura ilusión”. La frase corresponde al testamento espiritual de una de las personas cuyos cadáveres fueron descubiertos ayer en un bosque cerca de Torre del Carpio, por un campesino. Las víctimas pertenecían a la secta conocida como Orden de la Iglesia Lunar, que hace un año propició la muerte de otros 40 de sus miembros. Los 20 cuerpos fueron encontrados carbonizados y dispuestos en círculo en lo que parece ser un suicidio ritual.
Muchos de los cadáveres presentaban impactos de bala en la cabeza, puñaladas en el resto del cuerpo y en el lugar había rastros de que se habían consumido drogas y narcóticos.
La noche escogida para este suicidio colectivo coincide con el solsticio de verano, es decir, la noche más corta del año.
Al parecer todos los niños que se encontraban en el lugar, de varias y diversas edades, habían sido violados antes de darles muerte y drogados previamente para que pudieran servir sin resistencia a los perversos juegos de aquellos degenerados.
Para diversos especialistas en sectas, estas actúan sobre los adeptos como “una droga psíquica”.
Un miembro de la comisión parlamentaria, que debe informar sobre las sectas, destaca que es difícil combatirlas y que se han infiltrado en altas instancias del Estado, de la Magistratura, del parlamento, entre los intelectuales, etc., añade que hay más de 300 sectas y que es urgente reforzar el arsenal jurídico para proteger a los ciudadanos contra las sectas.

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No lo entendía. Se deshacía de su mejor redactor deportivo y lo enviaba a realizar un trabajo que estaba muy por debajo de sus posibilidades. Por si alguien aún no se ha enterado, hablo de mí mismo en tercera persona. No conseguía convencerla de lo insensato de su propuesta y ella insistía con un claro ultimátum, o aceptaba el encargo o pedía la cuenta en caja.
Es curioso cómo con el transcurrir de los años las relaciones entre las personas cambian de una forma tan radical. Al conocernos su forma de actuar, respecto a mí, era muy distinta. Ella era una joven reportera que acababa de salir de la universidad y yo, que jugaba de delantero centro en un equipo de primera división, era muy popular. La periodista inexperta necesitaba demostrarle a su jefe que servía para ese trabajo y que era capaz de ocuparse de la sección de deportes con la misma capacidad que un hombre.
La chica era ambiciosa y poseía ciertas cualidades, pero de deportes no tenía ni idea y no sabía si un balón de fútbol era redondo o cuadrado. Conocerme fue para ella providencial, porque dada mi posición pude enseñarle los fundamentos, los reglamentos, las tácticas, las palabras técnicas y las interioridades de un mundo tan apasionante como es el fútbol. Aprendió pronto y a los pocos meses ya había ascendido varios escalones en la redacción; que su padre fuera el editor del periódico para el que trabajaba carecía de importancia. Su primera gran entrevista me la realizó a mí y las siguientes a mis compañeros de equipo, con lo que su prestigio subió de golpe miles de enteros.

(Continuará)