Autor: Antonio Alcalde
I
Después de hacer el alegre amor,
te acaricio el pelo
y tú casi siempre
te duermes en mis brazos.
Aprovecho entonces
para mirarte largamente,
para cuidar tu sueño
y robar tu belleza...
Cuando despiertas
solemos tener dos opciones:
a) hacer el amor aún más alegremente,
b) leer poemas, desnudos en la cama.
Los días más afortunados
optamos por las dos.
II
La tarde estaba abierta,
Jacques Brel nos cantaba
y Gil de Biedma esperaba acurrucado
en el sillón, junto al tabaco.
Jugabas con mis manos en tus manos,
yo te besaba el vientre
y decía bobadas para hacerte reír
y reías, y me abrazabas la cabeza con ternura.
Nos miramos serios a los ojos
y el futuro se nos instaló en las palabras.
La tarde cayó
lentamente
sobre nuestra cama.
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