Autor: Manel Martí
... Y partiré de aquí
con el primer
hervor del día,
proscrito renegando
de las sombras
que me llaman
por mi nombre,
desde todos
los rincones
de tu cuarto.
Silente fluirá
el asfalto herido,
las torres de la luz,
los dispensarios,
se extinguirán
los pálidos neones
cantando abandonados
a su suerte,
como cisnes de cartón
en el fondo silencioso
de un teatro.
Después llegaré al mar,
que es mi segunda casa.
Sabré de su presencia
cuando vea las espumas
elevarse por los aires,
las esporas y las rocas
envolviéndose en burbujas
de esmeraldas,
que puntuales a su cita
me enviarán las olas.
Nada pasa inadvertido
en el vientre silencioso
de los mares:
Las orgullosas sirenas
batirán sus cascabeles
vegetales,
sabiamente coronados
en las cúpulas lunares
de sus senos,
esperando las noticias
que prendidas
de sus picos acerados
volcarán en su regazo
las gaviotas.
Emergeré por fin
del palpitante fondo,
cubierto por racimos
de algas negras,
sesgado por las dagas
de cristal
de los erizos,
vencido por un sol
que funde el plomo
sideral
de las estrellas:
Se verterán candentes
las escorias de la noche.
Estelas humeantes trazarán
un surco altivo
y funeral en su caída,
llevándose consigo
a los volcánicos sepulcros
abisales
las palabras,
los suspiros,
las caricias,
los olvidos.
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De nuevo acomodado
en el frescor
de los sillares medievales
y los arcos,
a salvo de la luz,
en el rincón más rumoroso
de mi cuidad umbría,
me entregaré al descanso.