IV
Tenía claro que quería cambiar de vida, ¿pero a qué podría dedicarme, si no sabía hacer nada más que posar?
Y aquella pregunta martilleando constantemente mi mente. No es que tuviera relación con mis deseos de cambio, sólo que no conseguía quitármela de la cabeza.
Aquella mañana, antes de que empezara la sesión, ya me había decidido: cambiaría de profesión. Aguanté con paciencia la larga sesión de maquillaje y peluquería, procuré mostrarme animada, pero no conseguía relajarme. Intenté desarrollar mi trabajo lo mejor posible, de hecho creo que nadie notó nada y estuve magnífica, como siempre.
El problema se agravó cuando a la hora de la comida todos se fueron y nos quedamos solos el fotógrafo y yo para repetir unas instantáneas. No veía, sólo obedecía lo que él me decía.
Y mi mente ocupada con aquella pregunta. Y obsesionada con la respuesta.
-“¿Qué es lo que más odias en el mundo?”
-“La mentira”.
Qué cinismo, qué gran ironía; enmascarar lo que somos, renegar de las pequeñas y grandes mentiras que día tras día contamos,que al fin y al cabo son las que nos hacen ser más humanos. No es que tuviera esto relación con lo que en ese momento hacía, pero de pronto él dijo:
-Ahora pon cara de tontita.
¡Cara de tontita! Se me nubló la vista, cogí la cámara por el trípode y ya no sé qué hice después.
(Continuará)
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