III
-No lo entiendo. ¿Por qué lo haría? Ahora, que ya puede despedirse de todo esto; su carrera ha llegado al final, eso si no la meten en la cárcel. Aunque lo que más me duele es el pago que me ha dado a mí, que más que su jefa he sido como una madre para ella. Recuerdo la primera vez que la vi, fue aquí mismo, en mi despacho. Era una cría delgada, alta, sin personalidad, sólo tenía una bonita cara y yo hice de ella una estrella. Le enseñé a moverse, a mirar, a vestirse, a comportarse... Y no crea que es tan fácil llegar hasta donde ha llegado ella, porque todas esas jovencitas monas creen que es querer y ya está, y no es sólo eso, no señora, hay mucho más. Primero han de tener verdaderas ganas y luego una voluntad de hierro y renunciar a una serie de caprichos. Aquí no cabe el cuestionarse nada, sólo han de obedecer y dejar que nosotros las guiemos. Los resultados están a la vista, nuestras chicas son las más cotizadas del mercado y ella la que más arriba estaba y ahora ya ve usted, todo perdido.
Pero la verdad es que me duele y no como ha dicho alguien por ahí por el dinero que dejaremos de ganar sin ella, ya que por fortuna tenemos en nómina a muchas chicas casi tan buenas como ella, sino por lo inexplicable, por lo absurdo, por el sin sentido de semejante acción, No sé si conseguiremos superarlo, ya que en esta última semana hemos perdido mucho dinero, no puede ni imaginarselo y es lo que yo digo, ¿qué tenemos que ver nosotros, como empresa, con todo esto? Aunque, la verdad, no me extraña demasiado que se hay comportado de esa manera, porque era una chica muy rara, arisca, sobre todo en los dos últimos meses; no quería trabajar, no sonreía, siempre estaba pensativa, no se...
Continúa su interminable parloteo lleno de contradicciones. La reportera comienza a sentirse aturdida, quiere irse, pero el sopor que le produce la directora de la agencia de modelos impide que se ponga en pie, se despida y salga por la puerta.
(Continuará)
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