14 de octubre de 2007

La cámara fotográfica (y 5)

V
Todo estaba oscuro e intentó abrir los ojos sin conseguirlo. Se encontraba sentado en una silla, el camarero le daba aire con su propio periódico y cuatro o cinco parroquianos formaban corro a su alrededor.
-No os acerquéis tanto que le quitáis el aire.
-¿Qué le habrá pasado?
-Me parece que está borracho.
-Una linotipia, digo, una lipotimia, seguro.
A su mente llegaban sonidos; sabía que eran voces, pero no conseguía distinguir las palabras. Por fin abrió los ojos. Encima del mostrador el objetivo de la cámara fotográfica seguía mirándolo. El jovenzuelo que lo había despojado de su sitio habitual se aproximaba ahora a la barra, cogía la cámara con una mano y se marchaba tranquilamente con ella; él quiso decir algo pero no pudo, el mareo le sobrevino de nuevo y a su alrededor las buenas personas que lo socorrían no cesaban de parlotear como cotorras.
Fin

10 de octubre de 2007

La cámara fotográfica (4)


IV

Tenía claro que quería cambiar de vida, ¿pero a qué podría dedicarme, si no sabía hacer nada más que posar?
Y aquella pregunta martilleando constantemente mi mente. No es que tuviera relación con mis deseos de cambio, sólo que no conseguía quitármela de la cabeza.
Aquella mañana, antes de que empezara la sesión, ya me había decidido: cambiaría de profesión. Aguanté con paciencia la larga sesión de maquillaje y peluquería, procuré mostrarme animada, pero no conseguía relajarme. Intenté desarrollar mi trabajo lo mejor posible, de hecho creo que nadie notó nada y estuve magnífica, como siempre.
El problema se agravó cuando a la hora de la comida todos se fueron y nos quedamos solos el fotógrafo y yo para repetir unas instantáneas. No veía, sólo obedecía lo que él me decía.
Y mi mente ocupada con aquella pregunta. Y obsesionada con la respuesta.
-“¿Qué es lo que más odias en el mundo?”
-“La mentira”.
Qué cinismo, qué gran ironía; enmascarar lo que somos, renegar de las pequeñas y grandes mentiras que día tras día contamos,que al fin y al cabo son las que nos hacen ser más humanos. No es que tuviera esto relación con lo que en ese momento hacía, pero de pronto él dijo:
-Ahora pon cara de tontita.
¡Cara de tontita! Se me nubló la vista, cogí la cámara por el trípode y ya no sé qué hice después.
(Continuará)

1 de octubre de 2007

La cámara fotográfica (3)


III

-No lo entiendo. ¿Por qué lo haría? Ahora, que ya puede despedirse de todo esto; su carrera ha llegado al final, eso si no la meten en la cárcel. Aunque lo que más me duele es el pago que me ha dado a mí, que más que su jefa he sido como una madre para ella. Recuerdo la primera vez que la vi, fue aquí mismo, en mi despacho. Era una cría delgada, alta, sin personalidad, sólo tenía una bonita cara y yo hice de ella una estrella. Le enseñé a moverse, a mirar, a vestirse, a comportarse... Y no crea que es tan fácil llegar hasta donde ha llegado ella, porque todas esas jovencitas monas creen que es querer y ya está, y no es sólo eso, no señora, hay mucho más. Primero han de tener verdaderas ganas y luego una voluntad de hierro y renunciar a una serie de caprichos. Aquí no cabe el cuestionarse nada, sólo han de obedecer y dejar que nosotros las guiemos. Los resultados están a la vista, nuestras chicas son las más cotizadas del mercado y ella la que más arriba estaba y ahora ya ve usted, todo perdido.
Pero la verdad es que me duele y no como ha dicho alguien por ahí por el dinero que dejaremos de ganar sin ella, ya que por fortuna tenemos en nómina a muchas chicas casi tan buenas como ella, sino por lo inexplicable, por lo absurdo, por el sin sentido de semejante acción, No sé si conseguiremos superarlo, ya que en esta última semana hemos perdido mucho dinero, no puede ni imaginarselo y es lo que yo digo, ¿qué tenemos que ver nosotros, como empresa, con todo esto? Aunque, la verdad, no me extraña demasiado que se hay comportado de esa manera, porque era una chica muy rara, arisca, sobre todo en los dos últimos meses; no quería trabajar, no sonreía, siempre estaba pensativa, no se...
Continúa su interminable parloteo lleno de contradicciones. La reportera comienza a sentirse aturdida, quiere irse, pero el sopor que le produce la directora de la agencia de modelos impide que se ponga en pie, se despida y salga por la puerta.
(Continuará)