II
"No estoy segura, pero creo que todo empezó el día en que me puse enferma y tuvimos que suspender aquella sesión. Nadie me dijo nada, pero yo sabía que me hacían responsable de que se hubiera perdido una gran cantidad de dinero. ¿Qué podía hacer yo? Estaba enferma, en realidad sólo un poco deprimida y muy asqueada, pero creo que eso ya supone una grave dolencia.
No me preocupaba ningún problema particular afectivo o económico. Fue después de leer aquella entrevista en un periódico; una pregunta concreta y su respuesta, me las repetía constantemente una y otra vez, una y otra vez, así que dije que estaba enferma.
No era la primera vez que oía aquella pregunta, ya que yo misma la había contestado en más de una ocasión y siempre de la misma manera. Conectaba la radio o el televisor, leía una revista o cualquier otra publicación y allí se encontraba alguien contestando a la inevitable pregunta con la consabida respuesta.
Hasta entonces no me había puesto nunca a pensar en nada. Para mí todos los actos encerraban el mismo significado, todas las palabras querían decir lo mismo. No conocía el amor ni el odio, ni qué era un gesto ni ademán de ternura; sólo sabia de la obediencia, siempre hacía lo que los demás queríran en relación a todos los aspectos de mi vida: qué ropas debía vestir, qué comida podía ingerir, cómo debía comportarme, sin descomponer jamás el gesto, sin reaccionar de ninguna forma, sólo mantener la misma sonrisa congelada sobre mi boca.
Tampoco es que tomara conciencia de nada, sólo que empecé a notar más y más el aburrimiento. Me sentí desnuda, ya que infinidad de miradas lascivas me devoraban; tuve miedo, no sabía qué hacer y por eso dije que estaba enferma”.
Continuará.
"No estoy segura, pero creo que todo empezó el día en que me puse enferma y tuvimos que suspender aquella sesión. Nadie me dijo nada, pero yo sabía que me hacían responsable de que se hubiera perdido una gran cantidad de dinero. ¿Qué podía hacer yo? Estaba enferma, en realidad sólo un poco deprimida y muy asqueada, pero creo que eso ya supone una grave dolencia.
No me preocupaba ningún problema particular afectivo o económico. Fue después de leer aquella entrevista en un periódico; una pregunta concreta y su respuesta, me las repetía constantemente una y otra vez, una y otra vez, así que dije que estaba enferma.
No era la primera vez que oía aquella pregunta, ya que yo misma la había contestado en más de una ocasión y siempre de la misma manera. Conectaba la radio o el televisor, leía una revista o cualquier otra publicación y allí se encontraba alguien contestando a la inevitable pregunta con la consabida respuesta.
Hasta entonces no me había puesto nunca a pensar en nada. Para mí todos los actos encerraban el mismo significado, todas las palabras querían decir lo mismo. No conocía el amor ni el odio, ni qué era un gesto ni ademán de ternura; sólo sabia de la obediencia, siempre hacía lo que los demás queríran en relación a todos los aspectos de mi vida: qué ropas debía vestir, qué comida podía ingerir, cómo debía comportarme, sin descomponer jamás el gesto, sin reaccionar de ninguna forma, sólo mantener la misma sonrisa congelada sobre mi boca.
Tampoco es que tomara conciencia de nada, sólo que empecé a notar más y más el aburrimiento. Me sentí desnuda, ya que infinidad de miradas lascivas me devoraban; tuve miedo, no sabía qué hacer y por eso dije que estaba enferma”.
Continuará.
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