19 de septiembre de 2007

La cámara fotográfica (2)

II

"No estoy segura, pero creo que todo empezó el día en que me puse enferma y tuvimos que suspender aquella sesión. Nadie me dijo nada, pero yo sabía que me hacían responsable de que se hubiera perdido una gran cantidad de dinero. ¿Qué podía hacer yo? Estaba enferma, en realidad sólo un poco deprimida y muy asqueada, pero creo que eso ya supone una grave dolencia.
No me preocupaba ningún problema particular afectivo o económico. Fue después de leer aquella entrevista en un periódico; una pregunta concreta y su respuesta, me las repetía constantemente una y otra vez, una y otra vez, así que dije que estaba enferma.
No era la primera vez que oía aquella pregunta, ya que yo misma la había contestado en más de una ocasión y siempre de la misma manera. Conectaba la radio o el televisor, leía una revista o cualquier otra publicación y allí se encontraba alguien contestando a la inevitable pregunta con la consabida respuesta.
Hasta entonces no me había puesto nunca a pensar en nada. Para mí todos los actos encerraban el mismo significado, todas las palabras querían decir lo mismo. No conocía el amor ni el odio, ni qué era un gesto ni ademán de ternura; sólo sabia de la obediencia, siempre hacía lo que los demás queríran en relación a todos los aspectos de mi vida: qué ropas debía vestir, qué comida podía ingerir, cómo debía comportarme, sin descomponer jamás el gesto, sin reaccionar de ninguna forma, sólo mantener la misma sonrisa congelada sobre mi boca.
Tampoco es que tomara conciencia de nada, sólo que empecé a notar más y más el aburrimiento. Me sentí desnuda, ya que infinidad de miradas lascivas me devoraban; tuve miedo, no sabía qué hacer y por eso dije que estaba enferma”.

Continuará.

14 de septiembre de 2007

La cámara fotográfica (1)

I

Como cada mañana entró en el bar cuando el reloj de la pared marcaba las diez y veinte minutos; su rincón de siempre estaba ocupado por un jovenzuelo ausente que bebía una limonada. Se encaminó resignado al otro extremo de la barra, pero a pesar de ello, profesionalidad obliga, el camarero colocó ante él un café con leche y un croissant, de la misma forma que lo hacía cada día desde no recordaba cuántos años.
Depositó en la barra una cámara fotográfica que llevaba en la mano, puso el azúcar en el café y lo removió con la cucharilla, desplegó un periódico que llevaba debajo del brazo y comenzó a leerlo. A veces dejaba la lectura y le daba pequeños sorbos a su café con leche.

“Célebre fotógrafo de modas agredido en su estudio”.
“Redacción. Barcelona. A últimas horas de la mañana de ayer fue encontrado con un fuerte traumatismo craneal en su estudio el célebre fotógrafo de modas Antonio Valencia. Al parecer el arma utilizada fue su propia cámara fotográfica, con la que lo golpearon varias veces. La policía declara que no ha encontrado huellas ni pistas que esclarezcan este incidente. El mundo de la moda está dolido y consternado por tan brutal agresión que...

Una noticia de sucesos más. Miró a su cámara y el objetivo le devolvió la mirada; vio cómo se levantaba en el aire y se hundía en su cráneo mientras oía los huesos al astillarse, después la cara se le llenó de sangre y un vértigo le subió desde el estómago como una nube negra.
Ante la mirada atónita del camarero, y de los pocos clientes que a esas horas se encontraban en el local, se desplomó hasta dar con la cabeza en el suelo.
Continuará.