II
¿Cómo se llamará? Se pregunta Celia y ella misma se contesta. Juan, tiene toda la pinta de llamarse Juan, o tal vez Antonio o puede que su nombre sea Luís o...
¿A qué se dedicará? Continúa preguntándose Celia. Será agente de seguros o tal vez visitador médico o representante de una empresa papelera y cada mañana se viste con su traje azul, se coloca un sombrero de fieltro y sale de casa para ir a la oficina. No, sombrero no lleva, porque hoy en día ya nadie lleva sombrero.
Una vez en la oficina, imagina Celia, consulta su agenda y después visita a sus clientes; hace sus negocios, con lo que gana dinero y alimenta y cuida a su familia, porque está casado y tiene dos, tres, cuatro o cinco hijos. Aunque creo que está soltero. Sí, está soltero, porque es un tipo antipático y odioso y no ha encontrado ninguna mujer que lo quiera.
¿Por qué no se ha enamorado nadie de él? Pero, ¡un momento! Su cara me resulta familiar. ¿Dónde lo he visto yo antes? Prosigue Celia con su monólogo. Sí, es él, no cabe duda y su traje no es azul, sino gris y sí lleva sombrero, de color gris, y su maletín también es gris y no trabaja como agente de seguros ni representante de papel ni nada de eso, porque es un ladrón.
Cada noche selecciona a una víctima al azar, se introduce en sus sueños y los roba, dejando sin recuerdos, sin ilusiones y sin esperanzas a quien ha tenido la desgracia de tropezarse con él.
A mí me faltan varios sueños, reconoce Celia. De inmediato no lo noté, pero al despertarme por la mañana sentí un gran vacío; era como si estuviera hueca y no conseguía recordar nada de lo que yo había sido y poco a poco me di cuenta de que me faltaba algo, como si me hubieran amputado un trozo de noche. Me asomé a la ventana y él pasaba en aquél momento por la calle oscura y solitaria con su traje gris, su maletín y su sombrero.
Ahora está dormido. Si me levanto y llego hasta donde se encuentra, podría apoderarme del maletín, abrirlo, recobrar lo que me pertenece y devolver los demás sueños a sus propietarios.
Después tendrá que devolver los sueños a sus respectivos dueños. Veamos, ¿cuál es el tuyo? ¡Ese! ¿Puedes demostrarlo? ¡Sí! Pues toma. ¡El siguiente!
Celia se pone en pie sin esfuerzo. Se siente leve, como si fuera niebla. El vagón está vacío, sólo lo ocupan ella y el ladrón de sueños. ¿Dónde bajaron los otros viajeros? Él duerme, o pretende que lo piense, para sorprenderme, transformarme en sueño y encerrarme en el maletín junto a los otros que allí guarda.
Consigue llegar hasta el maletín y al cogerlo le sorprende lo poco que pesa, oprime un pestillo del maletín y se abre, a continuación presiona el otro y sucede lo mismo. Ya está, piensa, ya lo tengo. Del maletín abierto sale una niebla azulada que invade el vagón. Seres deformes y grotescos se adueñan del compartimento y todos los colores de arco iris impactan sobre su retina. Parece que la gente tiene pocos sueños buenos, ya que allí sólo hay pesadillas. ¿Y los míos? Se pregunta Celia, ¿dónde están los retales de vida que me faltan?
Continuará.